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Relaciones y vínculos

Tinder y la gamificación del vínculo: por qué tener más opciones te deja más solo

Nunca hubo tanto donde elegir. Y nunca costó tanto quedarse con alguien. No es casualidad: es cómo funciona tu cerebro cuando le das opciones infinitas.

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Nunca en la historia hubo tanto donde elegir. Abres una app y tienes, literalmente, miles de personas a un deslizamiento de distancia. Debería ser el paraíso del amor.

Y sin embargo, mucha gente que vive rodeada de opciones se siente más sola que nunca, salta de match en match sin que ninguno cuaje, y no entiende por qué. La respuesta no es que “ya no queda gente que valga la pena”. Es algo que pasa dentro de tu cabeza cuando le das demasiado donde elegir.

El problema no es la app. Es lo que la app le hace a tu cerebro

Marian Rojas Estapé lo diagnostica con una expresión afilada: Tinder es la gamificación del vínculo. Ha cogido lo más íntimo y delicado de tu vida —a quién dejas entrar, con quién te la juegas— y lo ha metido dentro de una mecánica de juego: desliza, puntúa, siguiente, siguiente, siguiente.

Y aquí está la ley que casi nadie te cuenta: cuantas más opciones afectivas tiene el cerebro, menos capacidad tiene de comprometerse. No por capricho ni por inmadurez. Es un cálculo automático: si ahí fuera hay setenta conversaciones abiertas y un desfile infinito de perfiles, tu cerebro concluye que siempre puede haber algo un poco mejor a un deslizamiento de distancia. ¿Para qué apostar fuerte por esta persona, con sus grietas y sus días malos, si la siguiente promete no tenerlas?

El compromiso necesita cierre. Necesita que, en algún momento, dejes de mirar las otras puertas. Y una máquina diseñada para que nunca dejes de mirar está diseñada, sin decírtelo, para que nunca cierres ninguna.

Por qué el exceso de opciones paraliza

Piénsalo fuera del amor un segundo. Entras a una heladería con tres sabores y eliges en diez segundos, contento. Entras a una con setenta y sales angustiado, tardando el triple, y encima con la duda de si el que pediste era el bueno.

Con las personas pasa lo mismo, pero con las apuestas mucho más altas. El exceso de opciones no te hace más libre: te hace más indeciso y menos satisfecho con lo que elijas, porque siempre queda el fantasma de los sesenta y nueve sabores que no probaste. Elegir a alguien implica, por definición, renunciar a todos los demás. Y una app que te recuerda cada segundo cuántos “demás” hay, hace esa renuncia casi imposible.

La chispa no basta (y confiar solo en ella es un error)

Aquí conviene decir algo poco romántico pero muy útil: sentir una chispa no significa que esa relación te convenga.

Rojas Estapé lo ilustra con un caso que quita las ganas de idealizar: una mujer perdidamente enamorada de su jefe, casado, cuya esposa acaba de tener un bebé. La chispa es real, arde de verdad. Y aun así la respuesta honesta es una sola: no te conviene. A veces, dice, en la vida hay que poner cabeza.

Poner cabeza no es matar el romanticismo. Es añadirle preguntas que la chispa sola no se hace: ¿esto me conviene? ¿Me hace mejor persona? ¿Es de verdad lo que quiero para mí? La atracción te dice quiero; solo esas preguntas te dicen si ese quiero te lleva a algún sitio bueno.

Pareja no es solo quien te atrae: es con quien haces equipo

Y aquí llega el cambio de marco que lo reordena todo. La pregunta útil no es solo “¿quién me gusta?”. Es “¿con quién puedo hacer equipo?”.

Porque una vida en común no se sostiene con chispa. Se sostiene en los momentos que la chispa no cubre: cuando llegan los hijos, cuando aprieta el dinero, cuando alguien enferma. Ahí no necesitas a alguien que te atraiga: necesitas a alguien con quien sostener eso juntos, codo con codo. Rojas Estapé lo resume así: no basta una persona que te guste, hace falta una persona con la que puedas hacer equipo para aguantar esos momentos.

El padre de Rojas Estapé lo llamaba la artesanía psicológica de la pareja: una relación se trabaja, se talla a mano con el tiempo. Y —clave— cuanto mejor esté elegida la persona al principio, mejor funciona ese trabajo después. No es que elegir bien te ahorre currar la relación. Es que elegir bien hace que currarla merezca la pena.

Cómo usar esto sin volverte un calculador frío

Nada de esto va de convertir el amor en una hoja de cálculo. Va de recuperar el equilibrio en un terreno que las apps han desequilibrado a propósito.

En la práctica, es sencillo. Antes de nada, pregúntate qué buscas de verdad —¿pareja, o compañía, o pasarlo bien un tiempo?—, porque no todo el mundo quiere lo mismo y confundirlo hace daño. Y una vez con alguien delante, deja que la cabeza acompañe a la chispa en vez de ir a rastras de ella: no para apagar lo que sientes, sino para comprobar que lo que sientes te lleva hacia alguien con quien de verdad harías equipo.

Las opciones infinitas prometen que en algún lugar está la persona perfecta. La verdad es más tranquila y más liberadora: la persona no se encuentra deslizando sin parar, se construye eligiendo bien y quedándote. En algún momento hay que cerrar las otras puertas. No es renunciar: es lo único que permite que una puerta se convierta en un hogar.


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